Se suele decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero eso no se cumple con los videojuegos, ciertamente.Recuerdo mis inicios con los videojuegos. Cuando lo pienso veo que me hago mayor.
El primer videojuego que yo vi era también el primer videojuego de la historia, el mítico PONG. Fue en casa de mi primo, y hace ya ni se sabe cuantos años pero yo era un crío.
Juego más simple no puede existir, pero no veas cómo enganchaba. Supongo que la novedad también jugaría su papel.
Más tarde pasé al Spectrum de 48k de memoria que tenía un amigo mío, con teclas de goma y los juegos en cinta de cassette. Recuerdo cómo copiaba los juegos: los metía en la cadena de música, ponía en la otra pletina una cinta virgen y a grabar. Y se quejan ahora de piratería...
De ahí pasé al Amstrad cpc 6128 de 128k de memoria, con los primeros juegos en diskette y una pantalla de 16 colores, dejando atrás el cansino fósforo verde. Ahora lo pienso y me parece tan primitivo como lejano.
Seguí mi escalada con un Commodore Amiga 500. Aquello era una maravilla, con 256 colores en pantalla, espectacular. Y tenía nada más y nada menos que ¡1 Mega de memoria!De ahí ya pasé al PC. Mi primer PC fue un Pentium a 133 MHz, con 256 Mb de ram, una tarjeta de sonido sound blaster 32 y sin tarjeta gráfica 3D, por supuesto, ya que no existían. El disco duro era de 1 Gb. Recuerdo que el vendedor me decía que esa tarjeta de sonido era el no va más, y que 1Gb de disco duro era una bestialidad.
Y así estamos, metidos en el PC, con actualización tras actualización, de gráfica, de memoria, de disco duro, de monitor, de procesador, de todo, vamos.
Es el precio que hay que pagar, aunque no me actualizo todo lo a menudo que me gustaría. Para mí, no jugar con los gráficos a tope me parece casi un drama, pero cuando el presupuesto no llega, pues no llega.
No hay comentarios:
Publicar un comentario