lunes, 24 de diciembre de 2007

Análisis Clive´s Barker Jericho

Género: Acción en primera persona

Jericho es un juego español. Quizás por ese motivo, la mayoría de las revistas especializadas de nuestro país, y páginas de Internet que analizan videojuegos, le hayan puesto una nota tan alta. Y ahora pensaréis que nunca estoy de acuerdo con ninguna nota que se lee por ahí, y que no me gusta nada. Pues no es cierto, de hecho Kane&Lynch me ha gustado, y la crítica en general ha sido mala.
Pero volviendo a Jericho, debo decir que esperaba algo más.

Empezamos por el menú, que ya da muestras del gore máximo que rodea a este juego, salido de la mente enfermiza de Clive Barker. El fondo del menú es una superficie viscosa indeterminada que parece estar viva.

Y comenzamos a jugar. Eres el jefe de un escuadrón de seis soldados conocido como Jericho, encargados de las situaciones paranormales. Cada uno de los miembros tiene una habilidad paranormal determinada que analizaré más tarde.

El primer nivel del juego es de lo más patatero y aburrido que he visto en bastante tiempo. Avanzar entre unas ruinas que nos marcan el único camino posible, y matar a los enemigos que nos salen al paso, que dicho sea, son muuuy tontos y fáciles de matar, ya que hacen gala de la típica IA suicida, es decir, venir corriendo a por nosotros sin importarles que por el camino sean acribillados. Lamentable, porque en este juego esa actitud suicida y robótica llega a límites exagerados. Nunca, y cuando digo nunca es nunca, verás cubrirse a tus enemigos, o huir, o actuar en equipo, o algo, lo que sea que muestre inteligencia. Vale que son monstruos del más allá, pero resulta bastante pobre la impresión que dan, y te hace retroceder en el tiempo hacia los videojuegos de hace 10 años. Si a eso le sumamos que es casi imposible morir, ya que si te matan algún compañero tuyo te revive con magia, pues ya me contarás.
Además, puedes pasar el primer nivel sin pegar casi ningún tiro, viendo como tus seis compañeros se cargan a todos los enemigos. En cuanto algún compañero tuyo muera, te acercas, le pones la mano y vuelve a vivir. Así que puedes pasar todo el nivel mandándolos hacia delante con las órdenes de equipo, para que vayan por delante y se lo carguen todo. Qué divertido, ¿verdad?

Superado el primer nivel, anodino hasta la saciedad, aburrido, previsible a más no poder y lastimoso, llegamos al segundo, que es cuando se supone que empieza lo bueno. Tu protagonista muere y se convierte en fantasma. A partir de ese momento, puedes tomar posesión del cuerpo de cualquiera de tus compañeros. Cada uno tiene una habilidad, como ya hemos dicho antes, pero esto tiene un problema: las habilidades de algunos no las vas a usar porque no son muy útiles. Por ejemplo, una de nuestras compañeras es la que lleva las granadas, de varios tipos distintos. ¿Pero para qué vas a usar granadas, si otro compañero lleva una pistola automática que dispara balas explosivas? Pues solo usas esa habilidad cuando te obligan. Hay otra con un franco tirador, pero francamente, el juego no se presta al uso del franco tirador más que en momentos puntuales.
Al final acabas llevando siempre a los mismos, sobre todo al de las balas explosivas y a otro, llamado Delgado, que tiene una especie de espíritu de fuego en el brazo que detecta enemigos y les ataca.
Por lo demás, os podéis imaginar la mecánica del juego: avanzas por donde el juego quiere que avances, escuchando conversaciones que no aportan nada y con un guión que no sirve para absolutamente nada, ya que todo se limita a disparar sin pensar. Podría haber habido un elemento táctico en el uso de los distintos personajes, pero realmente se queda muy corto en ese aspecto. Además, para que la partida acabe deben morir los seis soldados del equipo, algo difícil teniendo en cuenta que con tocarles se curan.

Gráficamente el juego no está mal. No llega al nivel de los grandes juegos recién estrenados, pero está muy bien en cuanto al modelado de personajes. Digamos que es lo mejor del juego, aunque con una ambientación muy gore y unos enemigos bastantes sangrientos y asquerosos, la mayoría podridos y viscosos. Este juego, más que dar miedo, da asco.
Los personajes están muy bien modelados y texturizados, esa es la verdad. Respecto a los escenarios, nada del otro mundo en lo que a diseño se refiere, bastante monótono y gris, y totalmente indestructible. Lo único que puedes hacer es romper algunas cajas. Nada más.

El sonido no destaca en nada, ni en lo bueno ni en lo malo. Poco más puedo añadir, excepto que el doblaje se lleva un bien, sin llegar al notable.

Y dejo para el final lo peor con diferencia. Me refiero a esas escenas cinemáticas e interactivas que se dan en ciertos juegos, en los que salen en pantalla unas flechas que indica qué tecla apretar, por ejemplo arriba, luego abajo, luego arriba, luego derecha. Y si lo haces mal, te caes por un barranco o te matan y tienes que volver a repetir la escenita. No sé si me he explicado bien, pero es el típico minijuego en el que has de memorizar la secuencia de teclas para poder superarlo. Pues además, en Jericho es más exagerado aún, porque además de salir las teclas muy rápido, tienes medio segundo para apretar la tecla o la escena se reinicia. Así que te pasas cinco minutos practicándola y memorizando la secuencia para poder superar una escena en la que le das un puñetazo a un zombie. Es algo patético, lamentable y no entiendo cómo se puede incluir algo así en un juego de este tipo, ya que a mitad de un tiroteo te corta el ritmo y la acción de manera brutal.

Concluyendo, un juego para el que el argumento no le importe (ya que no sirve de nada en este juego), le guste el gore y lo dark, o pegar tiros sin ton ni son. Si te gusta algo de eso, te gustará Jericho, ya que introduce algo de novedad con lo de poder elegir en cada momento a cualquiera de los seis soldados. Por lo demás, un juego bastante normalito, al que supongo que le han puesto esas notazas en las revistas por el simple hecho de ser español.
Y como siempre, es mi opinión. Saludos.


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